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Durante el año 2000 presenté la obra “Der kleine Harlekin” (El pequeño Arlequín”), de Karlheinz Stockhausen en distintos colegios de San Juan  de nivel inicial, EGB I y II.
Fue una experiencia realmente emocionante  por las muestra de cariño que manifestaban  los niños  y por la enorme atención con la que seguían la obra.
Varias de estas escuelas estaban ubicadas en zonas marginales, con serios problemas ecónomico-sociales. El afecto que los niños demostraban era realmente conmovedor y se expresaban no sólo en infinitas muestras de cariño, sino también en dibujos y palabras, algunos de los cuales comparto en este espacio.
Sin entrar en la interpretación y análisis de estos dibujos que no es, ni de lejos, mi especialidad, no puedo dejar de observar cosas que me impresionaron. Una de ellas es su fabulosa capacidad de percibir la esencia de la obra musical. Casi la totalidad de los dibujos impactan por el estallido de colores y la meticulosidad de la representación del movimiento corporal. En “El pequeño arlequín”, el clarinetista debe danzar mientras toca, mover distintas partes de su cuerpo, realizar un ritmo con los pies, “dibujar” la partitura en el aire, etc. No es casual entonces  que, por ejemplo, uno de los niños, de 5 años de edad, haya podido dibujar, por primera vez, el esquema corporal completo. En varios dibujos  es posible  ver también como representan una secuencia de movimientos de manera temporal (como en una historieta). Algo que me impactó de manera profunda es el dibujo de una niña de 6 años que, luchando todavía con la grafía, escribió: “te necesito”,”parecemos ángeles los dos”, “que bonito que volás”, representándose ella también con un clarinete.

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